Miedo

•Diciembre 3, 2007 • 1 comentario

Miedo

“De lo que tengo miedo es de tu miedo” (William Shakespeare)

Cosa rara el miedo. Puede que porque, como en otros casos, se trate de un mecanismo de defensa que irónicamente y de cuando en vez se vuelve contra uno mismo. Tal vez lo es por las inescrutables conexiones que pueda tener con los sentimientos humanos. O quizás por los sorpendentes cambios metabólicos que desencadena y que muchos gustarían disfrutar sin consecuencia, si se vendiese como droga. Miedo en pastillas… No estaria mal. Pero resumiendo, el miedo es cosa rara por contradictorio.

En su extenso abanico de posibilidades, ¿existe control del miedo o es el miedo el que controla al ser humano? Entre ese pequeño recelo que nos embarga al entrar en un callejón oscuro y el pánico comprensible que se desata en situaciones desesperadas debe existir una frontera. Un confín en el individuo entre la posesión y la dominación. Todo el mundo tiene un límite. Yo lo llamaría valor.

Difícil distinguir al valiente entre tantos miedos. Algunos se tachan de irracionales, patológicos o injustificados cuando deberían juzgarse como extrañas diversificaciones del mismo. Para una chica con miedo a los roedores está sobradamente justificado el subirse de un salto a la silla más cercana sin apenas tiempo para bajarse la falda en caso de ver un ratón. La gente a su alrededor reirá. Si tratamos de que la misma chica sufre agorafobia la cosa cambia y despertará cierta preocupacion en los presentes. Ahora bien, si hablamos de fobia a las balas todos asentirán pensando: ¿y quién no?. Y si no lo sintiese la acusarían de temeraria.

Ante ese tipo de miedo ajeno y exótico se plantean dos posiblidades: superarlo o dejarlo estar. Por regla lo dejaremos estar mientras no afecte a nuestra forma de vida. Por eso creo que se sabe tanto de algunos miedos y tan poco del miedo en general. Aceptamos unos rangos de miedo plausibles. Vivimos con él aún sabiéndolo, sin hacer nada por evitarlo.

La chica que desciende sonrojada de la silla podría señalar al mundo con desdén y reirse. Volverá a su casa sonriente y felicitándose por no haber gritado, mientras el resto de invitados caminan hacia las suyas escudriñando la oscuridad con canguelo y apurando la zancada.

Y es que nada es tan difícil como enfrentarse a un miedo. Nada tan estimulante como vencerlo.

Sin Título

•Noviembre 28, 2007 • 1 comentario

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“Algo hay tan evidente como la muerte, y es la vida” (Charles Chaplin)

Hoy soy un poco mayor.

Todavía faltan tres días para que rodee por vigésimocuarta vez el Sol. Pero basar mi edad en la simple perduración temporal resulta algo banal. El crecimiento es mejor medirlo en términos de experiencia, y por eso digo que vuelvo siendo algo mayor. Después de una buena dosis de realidad sólo puedes evolucionar o estancarte. Yo, como los enfermos con suerte, evoluciono favorablemente. No sin mirar atrás.

Por suerte o por desgracia hay cosas que pasan demasiado rápido. Tanto que apenas tienes tiempo de asimilarlas y cuando quieres darte cuenta ya han pasado. No tiene sentido el arrepentimiento, ni verter lágrimas del pasado. Hay que aceptar la inevitabilidad del tiempo. Al parecer, un pensamiento demasiado racional para un hecho tan emotivo.

Las frases de apoyo definitivamente no sirven. Conozco bien los hombros de mi alrededor, y las buenas palabras suenan caducas. Me hubiera gustado oirlas hace unos años, antes de perder casi toda mi fe. Así lo hubiera entendido todo. Creer que hay tiempo de sobra es un pensamiento erróneo muy humano. Percatarse tardíamente de que con suerte será justo y a menudo insuficiente, aunque tal vez somos nosotros los que lo malgastamos en necedades.

Ya es tarde para todo. Aún en soledad, no cesa el empeño de ver cumplidos sus sueños, porque mientras existe un sueño o un recuerdo hay algo que perdura. Es lo único que puedo hacer.

Eso, y terminar de leer el libro que quedó en su mesilla. Tal vez así pueda descansar.

Regresión Imposible

•Mayo 21, 2007 • 2 comentarios

Niño

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige hipoteca a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿Pero por qué iba yo a querer hacer algo así? (Trainspotting)

Porque no se puede vivir una eterna juventud. La niñez es una cuenta atrás inconsciente hacia un algo desconocido, que poco a poco se perfila en la adolescencia y antes de que te des cuenta el camino hacia tu destino ya se ha completado. Sólo comprendes lo que te espera cuando lo tienes a medio palmo de tus narices, caricia o puñetazo ya está demasiado próximo para ser esquivado. Cuando el tropiezo ya parece inminente comienzas a preguntarte cuándo llegará el momento, reaccionando reflejamente al temor de un futuro incierto pensando en todo el tiempo que todavía tienes por delante, dudando secretamente si tal vez ese mañana ha llegado y tu porvenir ya ha sido sellado.

Parece imposible escapar a esa fortuna que desde siempre vemos en los demás como algo distante. Crecemos cultivando sueños que paulatinamente se tornan en utopías, obligando a plantearnos metas cada vez menos oníricas, más mundanas, hasta terminar deseando ser lo que nunca quisiste para gozar de una existencia simple. La madurez no es tiempo de soñar, sino de hacer sueños realidad o deshacerse definitivamente de ellos. Un adulto es lo que es, para bien o para mal, pero un niño puede ser cualquier cosa. En la infancia no hay cabida para la simplicidad.

Es por eso que me gustaría seguir siendo niño. Soñar mis sueños con verdadera esperanza en que se verán cumplidos, aprender desde la ignorancia, ver el mundo con inocencia, siempre crecer, nunca estancarme. No tener que elegir, o hacerlo sabiendo que en cualquier momento puedo cambiar mi camino. Fluir en mi despreocupada existencia.

Pero eso son niñerías y ñoñerías. Como adulto se me ha privado de esos derechos. Otras libertades han sustituído a la más esencial, como bálsamo insuficiente para un cáncer que ya no se considera enfermedad. No seré astronauta. Ni una estrella del rock. Tampoco un deportista de élite. No pisaré mil países. No viviré en la montaña rodeado de animales. No inventaré algo increíble. Nunca podré volar. Pero soy adulto, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así?.

El Rebaño Sereno

•Mayo 7, 2007 • Dejar un comentario

Atlas

La mente humana se encuentra sometida a una infinidad de condicionantes de los que sólo somos conscientes en parte. Por un lado, ignoramos muchos de ellos, por otro, aquellos de los que conocemos su existencia e intención manipuladora pueden ejercer su influjo de manera subliminal mientras nuestros sentidos controlan una fracción de esa influencia o lo que es peor, nos hacen creer que la controlamos por completo. Como persona prudente, realista y de un optimismo bien informado creo que se nos escapa más de lo que nos percatamos.

Como siempre, el que tiene poder es el que ejerce la influencia. Me gustaría decir que el poder lo tiene el pueblo, pero siendo éste la víctima del caciquismo, me temo que no. ¿Quién ostenta, pues, la potestad del mundo? Los gobiernos y el mercado. Política y economía. Es curioso ver cómo ambos van siempre de la mano, entrelazando las telas que han de vestir el mundo, midiéndose mutuamente para el bien de ambos, casi fusionándose hasta parecer uno solo. Y el camino que nos marcan con esas influencias tan sutiles unas veces y tan desvergonzadas otras es el próspero camino de la estabilización mundial, el lucrativo fin de la globalización.

Pero estabilización y globalización no significan paz e igualdad sino aceptación e interdependencia en desigualdad. El rumbo que estamos tomando nos indica la posición de cada uno en esta utopía capitalista:

Los estados neocoloniales deben atenerse a su función productora y exportadora de materias primas, siempre sujetos a las condiciones impuestas por los países ricos de los que son deudores tras una pésima gestión de sus gobiernos, normalmente apoyados por esas mismas potencias. O siempre pueden negarse y sufrir las consecuencias de no ejercer su labor, como es el caso cubano. Un plan perfectamente elaborado: convertir toda una serie de países ricos en materias, y en esencia autosuficientes, en un supermercado con todo de oferta. Un claro ejemplo de cómo trabajan juntos gobierno y mercado.

Por otra parte está el caso de Oriente. Exceptuando Japón, que ya hace tiempo se ha unido al movimiento, tenemos China y la India, poblaciones superproductoras que ahora comienzan a abrirse al mundo. Da gusto ver cómo aceptan su posición, cómo se amoldan, todo un ejemplo de adaptación. El antiguo enemigo comunista es el que ahora nos permite disfrutar de unas zapatillas Nike más baratas. Sin embargo no son como las naciones anteriores. No hay forma de meter mano a esos gobiernos, y lo que es más frustrante, siendo de los mayores productores mundiales de petróleo no sólo se niegan a exportar, sino que China es el segundo importador a nivel mundial. Mejor será vigilarlos de cerca, van camino de convertirse en una potencia como occidente y acabarán queriendo un trozo del pastel. Ironía off.

El oro negro hay que buscarlo en terreno inhóspito. No tanto por los gobiernos de Oriente Medio, sino por sus gentes. Y es que si existen ahora mismo enemigos para occidente éstos son los estados musulmanes. Razones no faltan: diferente cultura, diferente credo, diferencia de riqueza y para colmo tienen algo que los países ricos quieren. Un cocktail explosivo, que cada poco tiempo se agita de más, estallando en una nueva guerra.

¿Y cuál es nuestra posición en este tumulto? La de ovejas quedas. Los acomodados, la sub-élite del mundo, el último peldaño en el camino hacia el poder de los gobiernos y los mercados: los que consienten y los que consumen. No necesitamos guerras ni amenazas, sólo publicidad. Nuestra propia forma de vida es la que sustenta el sueño de los peces más grandes. No es reprochable, nadie quiere ocupar el puesto del que muere de hambre para que nosotros tengamos que comer. Pero, ¿y si otro mundo fuera posible? ¿Y si los empeños de todos se centrasen en globalizar los recursos, los conocimientos, las fronteras en vez de la economía y los mercados? ¿Podría toda persona vivir con dignidad?

Es difícil, puede que imposible, deshacernos de las influencias que nos han llevado hasta este punto y romper con la aceptación de que la vida es así, porque tal vez sea cierto. Pero no está de más planteárselo porque, como dijo Edmun Burke: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.

La Última Pregunta

•Mayo 5, 2007 • Dejar un comentario

 Sol

La última pregunta (Isaac Asimov) 

La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso – kilómetros y kilómetros de rostro – de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.

Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.

Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia había una cantidad limitada de ambos.

Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.

La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación – de un kilómetro y medio de diámetro – que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para funcionar con rayos invisibles de energía solar.

Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks satisfechos y perezozos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de perturbarla.

Se habían llevado una botella, y su única preocupación en ese momento era relajarse y disfrutar de la bebida.

– Es asombroso, cuando uno lo piensa -dijo Adell. En su rostro ancho se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior.- Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.

Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que llevar el hielo y los vasos.

– No para siempre -dijo.
- Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.
- Entonces no es para siempre.
- Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal vez. ¿Estás satisfecho?

Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse de que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.

- Veinte mil millones de años no es “para siempre”.
- Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?
- También la superarán el carbón y el uranio.
- De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.
- No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.
- Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por nosotros -dijo Adell, malhumorado-. Se portó muy bien.
- ¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años, pero … y luego? – Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro.- Y no me digas que nos conectaremos con otro Sol.

Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios sólo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron. De pronto Lupov abrió los ojos.

- Piensas que nos conectaremos con otro Sol cuando el nuestro muera, verdad?
- No estoy pensando nada.
- Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ese es tu problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.
- Entiendo -dijo Adell-. No grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán muerto también.
- Por supuesto -murmuró Lupov-. Todo comenzó con la explosión cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, los gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.

- Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía -dijo Adell, tocado en su amor propio.
- ¡Qué vas a saber!
- Sé tanto como tú.
- Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.
- Muy bien. ¿Quién dice que no?
- Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos, para siempre. Dijiste “para siempre”.

Esa vez le tocó a Adell oponerse.

- Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.
- Nunca.
- ¿Por qué no? Algún día.
- Nunca.
- Pregúntale a Multivac.
- Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es posible.

Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto: ¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su juventud aun después que haya muerto de viejo? O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta: ¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?

Multivac enmudeció. Los lentos resplandores cesaron, los clicks distantes de los transmisores terminaron. Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente. Aparecieron cinco palabras impresas:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

- No hay respuesta -murmuró Lupov. Salieron apresuradamente. A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían olvidado el incidente.

Jerrod, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en la pantalla visora mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.

– Es X-23 – dijo Jerrod con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos. Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:

- Hemos llegado a X-23 … hemos llegado a X-23 … hemos llegado a X-23 … hemos llegado …
- Tranquilas, niñas -dijo rápidamente Jerrodine-. ¿Estás seguro, Jerrod?
- ¿De qué hay que estar seguro? -preguntó Jerrod, echando una mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo. Tenía la misma longitud que la nave.

Jerrod sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos hiperespaciales.

Jerrod y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los cómodos sectores residenciales de la nave. Cierta vez alguien le había dicho a Jerrod, que el “ac” al final de “Microvac” quería decir “computadora analógica” en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar incluso eso.

Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró la pantalla.

- No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.
- ¿Por qué, caramba? -preguntó Jerrod-. No teníamos nada allí. En X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado. – Luego agregó, después de una pausa reflexiva:
- Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarrollado los viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la raza.
- Lo sé, lo sé -respondió Jerrodine con tristeza. Jerrodette I dijo de inmediato:
- Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.
- Eso creo yo también -repuso Jerrod, desordenándole el pelo.

Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrod estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Sólo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias. Durante mil años habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.

Jerrod se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada como una AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje interespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas.

– Tantas estrellas, tantos planetas -suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos-. Supongo que las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.
- No siempre -respondió Jerrod, con una sonrisa-. Todo eso terminará algún día, pero no antes de que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.
- ¿Qué es la entropía, papá? -preguntó Jerrodette II con voz aguda.
- Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de desgaste del universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot walkie-talkie, ¿recuerdas?
- ¿No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?
- Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no hay más unidades de energía. – Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.
- No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.
- Mira lo que has hecho -susurró Jerrodine exasperada.
- ¿Cómo podía saber que iba a asustarla? -respondió Jerrod también en un susurro.
- Pregúntale a la Microvac -gimió Jerrodette I-. Pregúntale cómo volver a encender las estrellas.
- Vamos -dijo Jerrodine-. Con eso se tranquilizarán. -(Jerrodette II ya se estaba echando a llorar, también).

Jerrod se encogió de hombros.
- Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No os preocupéis, ella nos lo dirá.
Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:
- Imprimir la respuesta.
Jerrod retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente:
- Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que os preocupéis.
Jerrodine dijo:
- Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar.

Jerrod leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:
DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Se encogió de hombros y miró la pantalla. El X-23 estaba exactamente delante.

VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:
- No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?
MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.
- Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo de expansión.
Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de formas esbeltas.
- Sin embargo -dijo VJ-23X- me resisto a presentar un informe pesimista al Consejo Galáctico.
- Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que inquietarlos un poco. No hay otro remedio.
VJ-23X suspiró.
- El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.
- Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito.
¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo y luego sólo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años… -VJ-23X lo interrumpió.
- Eso debemos agradecérselo a la inmortalidad.
- Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta inmortalidad tiene su lado complicado. La Galáctica AC nos ha solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte, anuló todas las otras soluciones.
- Sin embargo, no creo que desees abandonar la vida.
- En absoluto -saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato- No todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?
- Doscientos veintitrés. ¿Y tú?
- Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se duplica cada diez años. Una vez que se llene la galaxia, habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el universo conocido. Y entonces, ¿qué? -VJ-23X dijo:
- Como problema paralelo está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una galaxia a la siguiente.
- Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía solar por año.
- La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, nuestra propia galaxia sola gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente usamos dos de ellas. – De acuerdo, pero aun con una eficiencia de un cien por ciento, sólo podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy buena observación.
- Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.
- ¿O con calor disipado? -preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.
- Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a Galáctica AC.
VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su contacto AC del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.
- No me faltan ganas -dijo-. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar algún día.

Miró sombríamente su pequeño contacto AC. Era un objeto de apenas cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del hiperespacio con la gran Galáctica AC que servía a toda la humanidad y, a su vez era parte integral suya. MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría a ver a Galáctica AC. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de submesones ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la Galáctica AC tenía mil diez metros de ancho. Repentinamente MQ-17J preguntó a su contacto AC:

- ¿Es posible revertir la entropía?
VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:
- Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.
- ¿Por qué no?
- Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.
- ¿Hay árboles en tu mundo? -preguntó MQ-17J.

El sonido de la Galáctica AC los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su voz fina y hermosa en el contacto AC en el escritorio. Dijo:
DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

VJ-23X dijo:
- ¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que hacer para el Consejo Galáctico.

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes. ¿Alguna vez las vería todas? Tantas estrellas, cada una con su carga de humanidad … una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.

¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero, ¿qué importaba? Había poco lugar en el universo para nuevos individuos.

Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de otra mente.

– Soy Zee Prime. ¿Y tú?
- Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?
- Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?
- Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?
- Porque todas las galaxias son iguales.
- No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza humana. Eso la hace diferente.
Zee Prime dijo:
- ¿En cuál?
- No sabría decirte. La Universal AC debe de estar enterada.
- ¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.

Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas
tenía en su pasado vago y distante, un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.

Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:
- ¡Universal AC! ¿En qué galaxia se originó el hombre?

La Universal AC oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la Universal AC se mantenía independiente. Zee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a distancia sensible de la Universal AC, y sólo informó sobre un globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.

- ¿Pero cómo puede ser eso toda la Universal AC? -había preguntado Zee Prime.
- La mayor parte -fue la respuesta- está en el hiperespacio. No puedo imaginarme en qué forma está allí.

Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día -y eso Zee Prime lo sabía- en que algún hombre tuvo parte en construir la Universal AC. Cada Universal AC diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.

La Universal AC interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un difuso mar de galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en estrellas.

Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro:
ESTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.
Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de desilusión. Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:
- ¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?
La Universal AC respondió:
LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.
- ¿Los hombres que la habitaban murieron? -preguntó Zee Prime, sobresaltado y sin pensar.
La Universal AC respondió:
COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FISICOS FUE FUE CONSTRUIDO A TIEMPO.
- Sí, por supuesto -dijo Zee Prime, pero aun así lo invadió una sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la galaxia original del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos. No quería volver a verla. Dee Sub Wun dijo:
- ¿Qué sucede?
- Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.
- Todas deben morir. ¿Por qué no?
- Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente morirán, y tú y yo con ellos.
- Llevará billones de años.
- No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años.
-¡Universal AC! ¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?
Dee Sub Wun dijo, divertido:
- ¿Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía?

Y la Universal AC respondió:
TODAVIA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba. Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción. El Hombre dijo:

- El Universo está muriendo.

El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían. Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas, y también éstas llegarían a su fin. El Hombre dijo:

- Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la Cósmica AC, la energía que todavía queda en todo el universo, puede durar billones de años. Pero aun así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.

El Hombre dijo:
- ¿Es posible revertir la entropía? Preguntémosle a la Cósmica AC.

La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía un sentido comprensible para el Hombre.

- Cósmica AC -dijo el Hombre- ¿cómo puede revertirse la entropía?
La Cósmica AC dijo:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
El Hombre ordenó:
- Recoge datos adicionales.
La Cósmica AC dijo:
LO HARE. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO.
MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA.
TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.
- ¿Llegará el momento -preguntó el Hombre- en que los datos sean suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?
La Cósmica AC dijo:
NINGUN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.
El Hombre preguntó:
- ¿Cuándo tendrás suficientes datos para responder a la pregunta?
La Cósmica AC respondió:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
- ¿Seguirás trabajando en esto? -preguntó el Hombre.
La Cósmica AC respondió:
SI.
El Hombre dijo:
- Esperaremos.

Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste. Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia. La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un espacio que sólo incluía la borra de la última estrella oscura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.

El Hombre dijo:
- AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al universo una vez más? ¿Esto no puede hacerse?
AC respondió:
LOS DATOS SON TODAVIA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.
La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el hiperespacio.

La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el Hombre. Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia.

Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger. Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones. Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto. Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía. Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar la respuesta a la última pregunta. No había materia. La respuesta -por demostración- se ocuparía de eso también. Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma dehacerlo. Cuidadosamente, AC organizó el programa. La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un Universo y pensó en lo que en ese momento era el Caos. Debía hacerse paso a paso. Y AC dijo:

¡HAGASE LA LUZ!

Y la luz se hizo …

RGB

•Abril 24, 2007 • 4 comentarios

Prisma

Salió del hospital en silla de ruedas, sin saber el motivo. Lo hasta entonces negro se terminó nada más cruzar la puerta y sentir una momentánea punzada en sus ojos. El destello a través de los párpados se fue convirtiendo poco a poco en un rojo que jamás habría identificado como la calidez del sol. El ajetreo de la ciudad le resultaba ahora mucho más confuso como si, atento a los cambios de luminosidad que provocaban las sombras, no fuera capaz de trazar un croquis mediante los sonidos que le rodeaban. Hasta que la puerta del coche se cerró no pudo descansar del turbador tumulto, entonces inclinó el asiento y respiró profundamente tratando de tranquilizarse.

Se incorporaron a la carretera que habría de llevarles a casa de la playa, un lugar tranquilo y apacible donde recuperarse de la operación. El sonido del motor se intensificaba de forma progresiva antes de cada cambio de marcha hasta alcanzar la última y convertirse en un murmullo estático. Sin girar la cara hacia su madre, pendiente del vertiginoso parpadeo que provocaban los árboles colindantes ocultando azarosamente la luz, susurró para sí:

- Vamos muy rápido.

- ¿Qué? – miró el velocímetro. – No, vamos como siempre. Descansa un poco, llegaremos al anochecer.

El cansancio pudo con él y finalmente quedó dormido arrullado por el sonido, ahora más tenue, del motor del coche. Tres horas después se despertó perezosamente, desubicado y de un salto gritó lleno de pavor, provocando un volantazo:

- ¡Mamá! ¡Está todo oscuro! ¡Mamá! ¿Qué me pasa?

- ¡Ay, dios mío! No me des esos sustos, – respondió recuperando la dirección – es de noche y aún llevas los parches, ¿cómo no va a estar oscuro?

El tono categórico le tranquilizó más que las propias palabras, además aún comenzaba a entender las cosas y confiaba en ella más ciegamente que nadie. Ya había dejado de darle vueltas al asunto cuando el coche se detuvo. No pudo esperar ni un segundo más, extendió su bastón y se bajó con cautela del coche en busca de algún elemento conocido desde donde iniciar su exploración. Cuando ya se había adentrado unos metros en el bosque haciendo caso omiso de los gritos de su madre, encontró el grueso tronco donde solía ir a dormir o leer y se sentó. Meditó una vez y media antes de levantar levemente las gasas de sus ojos y abrió con dificultad los párpados convencido de la ausencia de luz. Nada nuevo frente a él hasta que decidió alzar la mirada.

¿Cómo podían haberle descrito la noche como oscura? ¿Cómo la habían tachado de ausente de luz? ¿Es que ellos no habían visto las estrellas que él contemplaba? Giró sobre sí mismo temblando con perplejidad para toparse de bruces con la Luna. El frío brillo de la noche no hirió sus retinas. No pudo describirlo con palabras ni encontrar motivo para el par de lágrimas furtivas que bajaron por su cara. Por primera vez fue consciente de la inmensidad del universo.

Al día siguiente su madre le llevó el desayuno a la cama en señal de perdón por haberle interrumpido la noche anterior. Habían pasado los 86400 segundos que ordenó el doctor. La comida nunca había sabido tan bien. Hasta se comió el huevo, cuya combinación de colores le pareció de lo más apetecible. Las primeras horas no se alejó demasiado de la casa, la excesiva luz de la mañana hacía que las formas resultasen todavía borrosas y algo confusas. Los árboles le parecieron más altos, la hierba más fresca, el Sol mucho más brillante que la Luna… Habían acertado en lo del cielo, que no era sino azul, pero cuando se acercó al manantial en busca de agua incolora, se encontró con un niño. Lo miró curioso y sonriente durante varios minutos, 12 años, pelo rubio con raya al medio y tez pálida algo pecosa. No le disgustó su apariencia, pero aún quedaba mucho por ver, lo tocó con la mano y miró como desaparecía en un mar de reflejos antes de seguir su camino.

Corrió sin respiro toda la tarde comprobando la realidad de cuanto le habían contado y observando todo lo que jamás habia podido tocar. Efectivamente, los pájaros volaban más alto de lo que habría podido oir, el fuego resultaba hipnotizante con sus mil tonalidades cambiantes, el humo no era sólo un aire extraño al olfato y aunque no entendía de belleza, su madre le parecía hermosísima. “Quiero ver el mar” le había dicho, y ella no supo oponerse.

Caminó apresurado, sin necesidad de medir sus pasos en los árboles del camino y llegó al acantilado. El sol que ya tapaban los árboles bosque adentro todavía estaba allí. Permaneció inmóvil junto al precipicio viendo cómo descendía, esperando su fusión con el vasto océano, y en un momento de ensoñación quiso tocarlo. Un paso excesivamente ambicioso. Perdió el equilibrio, cayendo una decena de metros antes de golpearse contra las rocas, pero permaneció consciente. No podía moverse.

El sol se ponía frente a él y no se atrevía a cerrar los ojos y dejar de ver un segundo el cielo azul al fondo, los reflejos verdes del mar, la sangre roja que manchaba la piedra. Rojo, verde, azul y el sinfín de colores que éstos conseguían crear. Gotas saladas del niño corrían a reunirse con las olas, pero no pestañeó. No se resignaría a sufrir de nuevo la penumbra. No mientras no se ocultase el sol.

Víctimas de la Libertad

•Abril 22, 2007 • Dejar un comentario

Libertad

“El derecho del pueblo a tener y portar armas, no será infringido.”
(2ª Enmienda de la Constitución de los E.E.U.U., 1789)

Es maravilloso ver cómo 218 años después todavía se conserva en buen estado el manuscrito que los padres de la patria estadounidense elaboraron con tanto empeño. Todavía pueden leerse las diez enmiendas tan laboriosamente redactadas que otorgaron entonces una libertad progresista que finalmente ha degenerado en libertinaje. Últimamente, dado el número de muertos por arma de fuego en U.S.A., a infinidad de gente le ha dado por atacar este sagrado documento como si Washington y Franklin fuesen unos beodos ignorantes. Pues bien, voy a ejercer de abogado del diablo y desmostraré que mis clientes son del todo inocentes del cargo de unos cuantos miles de asesinatos anuales.

Para empezar diré que Estados Unidos es un país moderno y con poca historia. Lo más antiguo que poseen es un papiro manuscrito con su constitución, que conservan celosamente como si se tratara de la Mona Lisa. Dado que en 1789 todavía faltaban 3 años para que se inventase el lápiz de grafito, dicho texto fue escrito con pluma y tinta, imposibilitando por completo el borrado de la segunda enmienda si ésta llegase a carecer de sentido en el futuro. En cuanto a la posiblidad de tacharlo sería como pintarle un bigote a la Gioconda si una vez resuelto el misterio de su semblante andrógino, resultara ser un varón. Se podría pensar que el mero hecho de redactar una ley así es propio de un loco o un socio de la NRA, pero hagamos un breve repaso histórico.

Dejemos de lado las armas blancas, apenas evolucionadas desde entonces y que cualquiera puede comprar en la mayoría de países. En el siglo XVIII, cuando fue redactada la segunda enmienda, las armas de fuego estaban poco desarrolladas. Mosquetes, fusiles y pistolas utilizaban un sistema similar. Un fusil podía dispararse la friolera de 3 veces por minuto, tratándose de una persona bien entrenada. La fiabilidad era mínima, fallando el mecanismo en más de la mitad de los intentos. Acertar era prácticamente imposible a más de 100 metros y a 500 una bala resultaba inofensiva. Podría afirmarse que hasta que Samuel Colt creó su revólver en 1835, era más fácil matar a alguien a pedradas que con un arma de fuego. Por desgracia las cosas han cambiado.

Como dijo Sean Connery citando a Oscar Wilde en La Roca: “El patriotismo es la virtud de los depravados”, y si existe una nación patriótica en el mundo, ésta es Estados Unidos. Morirían, y de hecho mueren, antes que renunciar a los derechos que les otorgaron inconscientemente los padres de su nación, pero aceptan leyes como la PATRIOT que coartan los derechos civiles más básicos en aras de la ¿seguridad?.

¿Cuántas Olivehurst, cuántas Jonesboro, cuántas Thurston, Columbine, Mount Morris TownShip, Santana de Santee, Grundy, Tucson son necesarias para comprender que el verdadero enemigo es su propio gobierno, sus obsoletas leyes y ellos mismos? Hoy sumamos otra más. En Washington los políticos piensan mientras en Virginia las familias lloran, pero como siempre, no se hace nada. Es más fácil mirar a otro lado y liberarse de ese pequeño porcentaje de culpa. ¿Quién necesita responsables indirectos, especialmente cuando el asesino no es americano?

El Reflejo Espurio

•Abril 17, 2007 • 2 comentarios

Espejo

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.

Las cosas han cambiado poco desde que Maquiavelo hizo esta afirmación. Vivimos en un teatro de envolturas y de primeras impresiones, donde cada uno desarolla con fingimiento más o menos convincente su labor histriónica. ¿Quién no tiene dos o más caras hoy en día? ¿Cuánta gente sabe cómo eres salvando las apariencias? Pocas, muy pocas personas.

Parece imposible encajar en todos los ámbitos sociales con una sola fachada. No se puede ser uno mismo y esperar que tu verdadero yo funcione con los amigos, con los padres, en el trabajo o con desconocidos. Hay que saber aparentar y contenerse según las circunstancias, sacar nuestro yo de pega para causar el efecto deseado, en definitiva, saber adaptarse a la situación. No es sólo una cuestión de guardar las formas, se trata de algo más crucial. Cuando estamos en presencia de otros individuos nos encontramos sometidos a un juicio ininterrumpido de todas nuestras acciones, una valoración inconsciente del que nos mira, que va moldeando su percepción acerca de nosotros como si fuéramos un trozo de barro.

A medida que pasa el tiempo, la masa va tomando forma y ya queda definido si eres jarrón o cenicero, pero como ser cenicero no es plato al gusto de nadie la simulación es fundamental en la primera etapa de cualquier relación. Las primeras impresiones son muy importantes porque cuando eres una masa arcillosa informe, el que tienes en frente debe plantearse si das la talla para portar sus flores o si no eres más que otro contenedor de cenizas. No hay tiempo para conocer a fondo a toda la gente que nos cruzamos, así que prejuzgar es una forma excelente de descartar personas, aunque también de captar indeseables porque como digo es en esta fase donde más énfasis se le da a la actuación.

Lo curioso es que somos conscientes de este posible fingimiento y por ello preferimos sacar nuestras propias conclusiones de lo que vemos en una persona en vez de asimilar simplemente sus acciones, que podrían ser naturales o intencionadas. Por ejemplo, si nos encontramos con alguien que no habla pensaremos que es tímido, reservado, callado, mudo o incluso que no tiene nada que decir. Todo, nada, o algo podría ser cierto, pero afirmarlo sería como encontrarnos a un cadáver y decir que ha sido asfixiado sólo porque no respira.

Un círculo vicioso, en el que fingimos porque sabemos que nos juzgan y nos juzgan porque saben que fingimos, con una trágica consecuencia: flores mustias sobre ceniceros decrépitos y hermosos floreros repletos de cenizas.

Sin Consentimiento

•Abril 3, 2007 • 4 comentarios

Cama

Abrió silenciosamente la puerta de la habitación después de atravesar el pasillo. Ajena a la intrusión, ella reposaba somnolienta en la cama, con la televisión aún encendida. Su camisón largo y holgado realzaba una silueta demasiado sinousa y provocadora para resistirse. La contempló en silencio unos segundos pensando si valía la pena, pero mirar no hacía otra cosa que reafirmar sus secretas intenciones. La situación era propicia y el deseo ya se había vuelto irrefrenable.

De improviso se abalanzó sobre ella y la inmovilizó. No tuvo tiempo de reaccionar, no esperaba el ataque. Quiso gritar, pero no pudo coger suficiente aire a tiempo con todo ese peso sobre su cuerpo y cuando logró hacerlo era demasiado tarde, su atacante estuvo más rápido, alcanzando una almohada y poniéndola sobre su cara sin que pudiera emitir apenas una lastimera queja. Estaba a su merced y lo sabía, como también sabía que la tortura no había hecho más que empezar. Los gritos desesperados, ahogados por el plumón, no hacían más que divertir al hombre, que esperó unos segundos a que se calmara antes de continuar con su plan.

Hábilmente había sujetado los brazos de la chica con sus rodillas así que sólo podía esforzarse en liberarse con vanos golpes de cadera que pronto cesaron. Debía guardar aliento para lo que se le avecinaba. Impotente, sintió cómo la mano libre del agresor descendía por su pelo, su cara, su cuello, sus hombros… Se detuvo un momento como dudando si continuar, intentando darle falsas esperanzas. Entonces atacó.

Una infinidad de ramificaciones nerviosas reaccionaron al unísono avanzando por todo el cuerpo y provocando los espasmos, mientras sus pulmones se colapsaban una y otra vez produciendo agónicos gemidos. ¡No, por favor, para! consiguió articular, pero no hubo piedad. Sólo cuando se cansó de sujetarla cedió, y dejó que cayera exahusta y abatida al suelo. Se tumbó satifecho en la cama riendo e inspiró profundamente unas cuantas veces para recuperar el aliento.

- ¡Cabrón! – dijo ella desde el suelo – Como me vuelvas a hacer cosquillas juro que te pasarás un mes meando sangre.

Crueldad

•Abril 2, 2007 • 5 comentarios

Tortura

Vivir es sufrir. Quien lo niegue, es una persona con mucha suerte o poca memoria. Todo el mundo sufre en mayor o menor medida, así que es difícil situar el punto en el que la vida pasa de ser vida para convertirse en una existencia cruel. Si estás leyendo esto, casi seguro que estás por debajo de la media de sufrimiento mundial. Todos tenemos situaciones en las que nos planteamos cuán cruel es la vida, pero son momentos pasajeros, cuantificables. Otras personas sólo pueden contar los escasos momentos felices en una vida de sufrimiento.

Guerra, hambre, enfermedad, pobreza… Hay tantas razones que justifican el sadismo de la vida que preferimos ignorarlas y juzgar lo bueno y lo malo no desde una perspectiva justa y global, sino desde otra egoísta y envidiosa. Por naturaleza somos inconformistas, no nos basta lo que tenemos, siempre podemos tener más y nunca nos planteamos que también podríamos tener menos. Hay quien se queja de lo cruel que es el desamor, pero peor es no haber (o no haber sido) amado.

En otro nivel está la crueldad humana. Ésta escapa a toda comprensión. Poder hacer a otra gente cosas atroces que jamás desearíamos a alguien cercano. Ya no nos identificamos como raza, con suerte como pueblo o como familia. El dolor ajeno es más ajeno que dolor. Los actos, las palabras, los gestos ya no se meditan, nadie se pone en el lugar del que tiene delante mientras el daño no le vaya a rebotar.

Ojo por ojo, dijo Ghandi, y el mundo acabará ciego. Creo que se equivocaba. Ojo por ojo, y el tuerto se lo pensará dos veces. Y es que no se puede dejar todo en manos del karma, como fuerza cósmica ha resultado ser un tanto inefectiva.

Paramnesia

•Abril 1, 2007 • Dejar un comentario

Tulipán Amarillo

Como cada mañana, salía a hacer la compra a una pequeña tienda del barrio. Caminaba sonriendo mientras comía una manzana. Sin saber porqué, estaba feliz. Una sensación de ligereza la acompañaba, como si avanzase sin esfuerzo, mecida por el viento. Se pasó la mano por el pelo, apartando ese mechón rebelde de su cara y sacó la mejor de sus sonrisas. Al girar la esquina se encontró de bruces con un hombre, casi llegando a chocar.

- ¡Vaya, que guapa estás hoy! ¿A qué se debe esa sonrisa? – se sonrojó al comprobar que era Jacob.

- Mmm… ¡Vaya! Hola… Será por el sol… Hace un día excelente – sonrió tontamente.

- Bueno, pues no mires tanto al cielo o te comerás una farola – bromeó mientras seguía su camino. – Te veré a la tarde, llevo prisa.

- Ad… ¡Hasta la tarde! – balbuceó.

Reanudó la marcha, pensando que había quedado como una idiota. ¿El sol? ¿Un día excelente? Debe pensar que soy estúpida. Una voz a la izquierda la sacó de sus pensamientos.

- ¡Buenos días Cristina! – saludó amablemente el chico del quiosco – Un día excelente, ¿verdad?.

- Sí… Será por el sol. – rió para sí la coincidencia.

Continuó caminando con la luz de frente, no le resultaba molesta y a pesar de la temperatura que debía hacer, tenía algo de frío. Al fin llegó a la tienda. Caminó mecánicamente por los pasillos recogiendo todo cuanto tenía en su lista mental. Una barra de pan, huevos, un refresco light… Cuando terminó fue hasta la caja.

- Hola Cristina – saludó la dependienta.

- Hola. Vaya, se me olvidó el caramelo, hoy voy a hacer flan. Voy a por…

- No te molestes, se nos ha acabado. Tendrás que ir al súper de junto al parque – se anticipó la mujer.

Suspiró y pagó la compra. Así daría una vuelta. Salió del establecimiento y deshizo el camino andado. Paseaba lentamente, mirando a la gente pasar, disfrutando de la ociosidad de un sábado maravilloso. Atravesó el parque, lleno de niños jugando y no pudo evitar fijarse en uno que intentaba girar a toda velocidad en un columpio sin caerse. Por alguna razón se sintió tentada a llamarle la atención. Levantó la mano y cuando se disponía a advertirle, vio como el niño soltaba sus manos víctima de la inercia, y daba con su culo en el suelo. En fin, supongo que así aprenderá.

Estaba cruzando la calle cuando se fijó en una floristería cercana. Allí estaba Jacob, hablando con la dependienta. ¿A quién piensa regalarle una veintena de tulipanes amarillos?

- Aquí tiene, veinte tulipanes. Seguro que le encantarán – escuchó decir al vendedor.

Qué extraña coincidencia. Tuvo una sensación que la hizo detenerse. Ya había vivido eso, incluso pudo percibir un olor familiar. Ya había estado ahí. Más de una vez. Muchas veces más. Un déjà vécu demasiado real para ser falso. No pudo reparar mucho en el misterio. El potente claxon de un autobús urbano la sobresaltó. Apenas tuvo tiempo de girarse y ver a la enorme mole de metal acercándose hacia ella. Se quedó paralizada. Sólo tuvo tiempo para sentir un escalofrío que le provocó un violento espasmo. Oscuridad y nada más.

- ¡Doctor! ¡Doctor! – Jacob corría por los pasillos buscando a un médico – ¡Doctor! ¡Cristina se ha movido! ¡Está despertando!

Corrieron hacia la habitación donde llevaba durmiendo cuatro años. Allí seguía, inmóvil. El médico negó tristemente y suspiró.

- Lo siento. Ya se lo he explicado. Los daños cerebrales son irreversibles. No puede venir aquí todos los días esperando un milagro que no va a ocurrir. Tiene que aceptarlo. No despertará, lo siento de veras.

- Pero se ha… – intentó replicar.

- Un espasmo nervioso. De vez en cuando le ocurre por las mañanas. Sólo es eso. – cortó el doctor, y se retiró.

Jacob enjugó sus lágrimas y se acercó a la cama. Inspiró fuerte y como todos los días, puso un tulipán amarillo sobre las sábanas, luego la besó en la frente y emprendió la vuelta a casa más difícil de su vida.

Ciencia VS Fe

•Marzo 28, 2007 • 9 comentarios

Ciencia VS Fe

Nadie sabe con exactitud cuándo apareció la fe. Tampoco cuando comenzó la ciencia propiamente dicha. Pero lo cierto es que hubo un momento en la historia donde se cruzaron y se libró una pugna que provocó una enemistad irreconciliable.

Lo primero en llegar fue la fe, en la prehistoria, según evidencias arqueológicas de rituales funerarios que se practicaban entonces. Evolucionó hasta convertirse en religión. Se dividió creando infinidad de credos. En la actualidad, el terreno de la fe religosa mayoritaria, tiene en común dos hipótesis independientemente del credo.

Primera, la exitencia de una vida después de esta. Que según mi teoría sería el verdadero motivo de la aparición de la fe, pues al generar los simios vínculos afectivos tan notables, memoria y más tarde inteligencia e imaginación, es posible que desarrollasen de alguna forma la idea de que aunque un congénere mueriese, permanecía con ellos en cierto modo. Eso pudo ser beneficioso en las relaciones humanas. La idea de que cualquier relación es efímera diluye el vínculo, pero algo perpetuo puede ser por siempre estable. Más adelante alguien encontraría la forma de ejercer el poder poniendo de su lado esta teoría, inculcando el miedo de saber que las acciones presentes tendrán su eco en una vida futura. ¿Pero quién impondría esos castigos? Eso nos lleva a la segunda hipótesis: La creencia en una entidad superior, un dios creador, que gobierna, juzga y castiga. He aquí donde aparecen los conceptos más conocidos de la religión: la veneración, el culto, el temor, el dogma y las normas, que dictan los humanos en nombre de una divinidad.

En mi opinión este es el punto crítico. Hasta ese momento la fe, aún en contraposición con las creencias científicas, no tenía por qué entrar en trifulca con la ciencia. Ambas cosas no eran más que herramientas para dar sentido a las preguntas del ser humano. ¿Por qué no podría un hombre pensar que un eclipse es una intervención divina y otro que se trata de la interposición de un astro entre el Sol y la Tierra? Pues porque en ambos sentidos hay que ser tajante. La ciencia incierta no es ciencia, la fe débil no es fe.

Primero atacó la religión con la censura, durante siglos ostentaba el poder y ganaba las batallas, pero ese tiempo acabó. El poder de las Iglesias se marchita, en gran parte por su segmentación. La ciencia permanece unida y gana terreno. Dios se desangra, su muerte está próxima. ¿Podrá la fe reponerse de sus heridas, adaptarse a los nuevos tiempos, o es que el tiempo de los milagros ya ha pasado?

Ciclo de la Megalomanía

•Marzo 27, 2007 • 1 comentario

Llorar

Apretó el gatillo.

Había cogido el arma de la lujosa cómoda del salón. Pretendía ser un seguro para sus valiosísimas posesiones, acumuladas durante 33 años de vida, fruto de una extensa riqueza y el amor por lo exclusivo. Una fortuna acumulada fundamentalmente durante sus últimos siete años en la prolífica industria cinematográfica, que era más que suficiente para costear todos sus caprichos.

El productor había pensado que aunque ya era demasiado mayor para dar ese salto, no lo aparentaba. “Podría cuajar…” musitaba admirando el contoneo de sus caderas. “Creo que tengo a la chica que andabas buscando” le había dicho su socio no sin razón.

Días antes se levantaba los pantalones satisfecho, asegurando por enésima vez que el papel sería suyo. Estaba decidida a hacerlo, así que se quitó la alianza antes de arrodillarse. Arrodillado también, le había ofrecido su primer marido ese mismo mismo anillo dorado mientras ella, en su tierna ignorancia, imaginaba que sería un momento único en su vida. Sin embargo, también se planteó por un segundo si él la amaba por lo que era o por ser quien era.

Alcanzó el éxito que tanto había buscado a base de esfuerzo y algo más. Las cuatro operaciones le habían proporcionado el aspecto que siempre había deseado, pero no creía que lo fuera a necesitar. Así acallaría todas las voces. Practicaba con ahínco en su piano y ejercitaba la voz todos los días, convencida de que eso bastaría para alcanzar su objetivo. Se propuso llegar a lo más alto.

Las niñas de su clase se mofaban a su costa gritandole “¡Fea! ¡Fea!”, encerrándola en un corro y señalando con el dedo cuando gritó llorando:

- ¡No soy fea! Algún día seré más guapa, más rica, más famosa que todas vosotras, tendré una casa enorme, un marido guapísimo. No me faltará nada. - todas se troncharon ante semejante idea.

- ¿Y qué harás entonces, fea?.- la pregunta le hizo soñar.

Entonces

Telebazofia

•Marzo 26, 2007 • 5 comentarios

Telebazofia

Me siento aquí con intención de criticar la televisión, o mejor dicho, el uso que se le está dando aquí en España. Hay tanta mierda junta en la pantalla que no se ni por dónde empezar, así que comenzaré por el programa que me ha inspirado ayer noche, motivo del desborde de mi crispación contenida.

Cambio Radical, a.k.a. Pasen y Conozcan el Maravilloso Mundo de la Cirugía Estética. Para el que no lo sepa, este programa consiste en escoger a una desdichada Cenicienta, cansada de la vida por su grotesco y harapiento semblante, y convertirla en una Barbie feliz, digna del mejor de los Ken. Presentado por esa gran comunicadora que es Teresa Viejo, el programa es una descarada burla publicitaria que pretende mostrarnos el maravilloso mundo de la cirugía estética. El hada madrina, es en este caso un grupo de los mejores cirujanos del país, que pondrán toda su amabilidad y empeño en convertir a una mujer fea en una mujer con una autoestima elevada, capaz de cosas que antes jamás se atrevería a hacer (palabras textuales del programa). Personalmente, a una persona que no sale de casa por su aspecto le recomendaría un psicólogo, pero oiga, si invita el programa todo está bien. Inculquémosle a la sociedad española lo fácil que se vuelve la vida cuando eres guapo y si luego los padres tienen que vender un riñón o prostituirse para costearle a la niña un implante mamario da igual, no será problema nuestro.

No se equivoquen, no soy un desalmado, la mujer tenía un problema y ya no lo tiene. Probablemente lo ha cambiado por otro mucho mejor. La belleza sólo otorga belleza, no felicidad. Resulta que terminado el programa, el novio de la ex-fea decide pedirle matrimonio así, delante de toda España -si no lo hizo antes es porque no tuvo tiempo, nada que ver con la operación-. Después de que Doña Tere terminara de destripar la sorpresa y rehacer el momento animando al hombre a efectuar el habitual paripé de rodilla al suelo, la chica suelta un escueto con el convencimiento de un sapo tuerto cazando una mosca, acompañado de un ligero ósculo porque algo más enérgico podría despeinarla. Ya la han cambiado. No se le puede reprochar, al fin y al cabo ahora es guapa y quién sabe a qué podría optar, pero Teresa está contenta, todo ha salido a pedir de boca, ya ha conseguido el momento televisivo perfecto. La bestia hecha bella y prometida con un príncipe. Conmovedoramente patético.

Existen unas cuantas fórmulas que funcionan en la televisión actual:

Lo humorístico. De toda la vida, siempre ha estado presente, aunque prima el humor tonto sobre el humor inteligente pero viendo lo siguiente casi es de lo más noble que se puede encontrar. Véase Aquí no hay quien viva vs. Fraiser.

Lo morboso. Con la libertad de expresión, esto del morbo va creciendo a pasos agigantados. Incluso los informativos se nutren de este tipo de cosas. La famosa frase “las siguientes imágenes podrían herir su sensibilidad” es más un reclamo que una advertencia. Ejemplos claros son Noche de Impacto, Esto es Increíble...

Lo misterioso. Lo desconocido siempre tiene un efecto medio entre el miedo y la curiosidad. No es un mal gancho, porque de lo desconocido se puede aprender mucho -sino no lo sería- pero una cosa es mostrar algo de manera objetiva y otra buscar un enfoque que venda. Como ejemplo, Cuarto Milenio, creando alarma por unos focos iluminando el cielo o afirmando que no se sabe qué acabó con los dinosaurios.

El sexo. No hace falta ni que lo comente. Hay que meterlo como sea, donde sea, aunque no pegue ni con cola, porque es lo que más vende de todo. Exceptuamos los programas serios sobre sexualidad.

La miseria ajena. Desde programas del corazón a otros como El Diario de Patricia. Mi teoría acerca de éstos es bien sencilla: mientras contemplas las miserias de los demás, se te olvidan las tuyas propias. La diferencia con otras fórmulas, lo que hace a ésta la más vil, es que se nutre de las desgracias de otras personas. Es el circo te la televisión.

Lo conmovedor. Suscitar emociones en las personas es algo que también funciona. Aquí Isabel Gemio es la diva. Sorpresa, sorpresa y programas del estilo destinados a hacer llorar de emoción a gente que no tiene motivos para ello.

Lo pseudo-inteligente. Y digo pseudo, porque lo inteligente no funciona, hace a la gente sentirse tonta. En otros países proliferan más los espacios que requieren cierta sagacidad para ser entendidos. Aquí en España, se crean adaptaciones mucho más sencillas y obvias, para que el espectador pueda seguir la trama. Véanse las parejas Urgencias – Hospital Central o C.S.I. – Génesis, en la Mente del Asesino. En este último caso la copia es descarada, pero los guiones parecen escritos por niños, las pistas van apareciendo una tras otra como si alguien las hubiese colocado ahí para que cualquier aficionado al Cluedo llegue y señale al asesino.

Es posible que me deje alguna, pero no importa, la clave es que en esa lista no cabe lo cultural. Por suerte existe La 2, aunque incluso ahí programas como Redes o Documentos TV acaban desterrados a franjas horarias marginales. Me estoy extendiendo demasiado, así que concluyo mi crítica con un pensamiento alentador: Siempre nos quedarán las bibliotecas.

Placer

•Marzo 24, 2007 • 1 comentario

Placer

Sus manos sudorosas reposaban serenas sobre la mesa, intentando simular una tranquilidad y un dominio de la situación que ya no tenía. Las dos damas desnudas que todos contemplaban frente a él no le conferían la confianza necesaria para lanzarse. Una situación deseable pero poco común, que le hacía plantearse el riesgo de aceptar semejante reto. A su vera, dos de los más ilustres del montón le animaban secretamente, pero era inexperto en este campo y su atrevimiento era escaso.

No era sólo el hecho de que pudiera salir mal, marcándole tal vez por mucho tiempo, quitándole las ganas de repetir para siempre. También estaba el asunto económico. No le sobraba el dinero, costearse ese pequeño gran placer podría dejarlo en la ruina. Escrutó las miradas de los allí presentes, que esperaban con impaciencia y aparente neutralidad una respuesta. Suspiró para sus adentros sin dejar ver un atisbo de duda y con fingido convencimiento puso el dinero sobre la mesa.

Indescriptible la excitación que tuvo que contener cuando vio entrar una tercera dama. No vaciló en vaciar sus bolsillos con tal de disfrutar de tan bello momento, pero no era el único que pujaba por el dulce caramelo. Los demás también quisieron hacerlo suyo. Se dejaron llevar por la tentación del codiciado tesoro, reuniéndose frente a ellos una pequeña fortuna.

Un trío insuficiente, una precaria escalera… Exhaló placenteramente saboreando la victoria. Nada que hacer contra su full de reyes y reinas. Sin duda, su mano más afortunada.

La sapiencia olvidada

•Marzo 22, 2007 • 1 comentario

Escuela de Atenas

El conocimiento humano se amplía a un ritmo exponencial. También es cierto que cuanto más sabemos, nos vamos percatando de que más es lo que nos queda por saber. Pero una cosa está clara, vivimos en la era de la comunicación, donde prácticamente cualquier persona del mundo desarrollado tiene acceso a infinidad de información. Tantos datos son imposibles de recopilar por la mente humana, al menos en lo que dura una vida, así que estamos condenados a la especialización. Saber mucho de poco y poco de mucho.

Cuando has de decidir en qué campo cultivarte no piensas en lo que realmente te gustaría saber, piensas en lo práctico, en algo de lo que puedas vivir, salvo casos excepcionales de gente afortunada. Con suerte, lo que te gusta se convertirá en una afición. Sólo prima el conocimiento práctico, no existe el ansia del saber. La cultura está en decadencia. Unos carecen de tiempo para dedicarle, otros prefieren invertirlo en ocio y diversión. Aquellos que consideran la cultura una necesidad terminarán codeándose con gente como ellos, pues para el resto serán unos raros, y ¿de qué sirve la sapiencia si no se puede divulgar entre quien lo necesita?

Si Sócrates levantara la cabeza y comenzase a andar entre nosotros, cuando se acercase a alguien para decirle “Háblame de tí, que te conozca”, le considerarían un mendigo, un pervertido, un loco excéntrico… Pero no un sabio. Ya nadie venera a los sabios, sino todo lo contrario. Aún la gente que se esfuerza por crecer personalmente, habla en general de otros temas mucho más vanales, se reserva esos intereses culturales para personas determinadas que puedan comprender, y que seguramente ya conocen, cuando lo productivo sería compartirlos con aquellos que no.

Todo esto es un gran error, porque lo importante de la vida jamás se enseña en los colegios, institutos, universidades… Sólo las personas que han vivido, aquellas que han pensado, los que se esfuerzan por ver más allá de las cosas, resultan útiles a la hora de aconsejar y enseñar a otras. No hay que dudar a la hora de transmitir pensamientos. Son ciencias de la vida que ya nadie imparte, saberes arcanos que no deben ser olvidados.

El Cuervo

•Marzo 22, 2007 • 5 comentarios

Cuervo

El Cuervo (E. A. Poe)

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
“Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más.”

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma en mis libros,
ni consuelo a la pérdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
“No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más”.

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
“Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído…”, y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra “Leonor”, que yo me atreví a susurrar…
sí, susurré la palabra “Leonor” y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
“Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!”.

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
“Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara “Nunca más”.

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: “Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará”.
Dijo entonces :”Nunca más”.

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
“Sin duda – dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
“Nunca, nunca más”.

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir qué quería la funesta ave ancestral
al repetir: “Nunca más”.

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
“¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Dios estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!”.
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor, ahora entre ángeles, un día podré abrazar”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.

“¡Diablo alado, no hables más!”, dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!.

Descenso

•Marzo 20, 2007 • 1 comentario

Habían pasado varios años desde el primer encuentro a solas. Las pocas veces que se habían visto desde aquel día lluvioso no contaban. Imposible compartir apenas un roce entre la escasa multitud. Las horas contadas hacían cada segundo más especial, así fue durante su corta vida juntos -aunque separados- y así era durante su ascendente cuenta atrás.

Remontaban la excelsa estructura en ese solitario habitáculo, contemplando en silencio el centellear de las luces nocturnas de la ciudad. El lugar permanecía cerrado por las noches, pero habían conseguido media hora a cambio de un dineral. No necesitaban más tiempo.

A los 300 metros un choque metálico les sacó de su ensoñamiento. Cruzaron el umbral de la mano y surgió ante ellos una sinfonía de estrellas de oro y platino. Allí arriba azotaba una brisa fría, pero no importaba. Los murmurios del aire eran música en sus corazones. Se abrazaron fuerte disfrutando el ardor de sus cuerpos durante unos minutos y luego juntaron sus labios por última vez.

No fue igual que en el cuadro que ella le había regalado años atrás. No era la situación que ambos hubiesen deseado, pero así suele ocurrir con los amores imposibles. Tomaron carrerilla sin soltar la mano del otro y de un salto comenzaron a volar. A cada metro un recuerdo a velocidad de vértigo, una explosión de emociones mientras completaban su descenso final y en el último instante, una mirada entre lágrimas que se elevaban cielo y dos palabras ahogadas por el aire, pero que pudo leer en sus labios. Y después, la oscuridad.

Ya nada los volvería a separar.

Incontinencia verbal

•Marzo 19, 2007 • Dejar un comentario

Pedante

Patidifuso me ando. ¿Querréis creer mis bienquistos lectores, que en la jornada de ayer arremetieron contra mi candorosa persona, tachándome de pedante y cultureta? ¿A qué es debida semejante acometividad? ¿Soy merecedor de tal agravio? ¿Puede mi ansia de atino lingüístico ser coartada de los achares ajenos? Pos va a ser que sí. Pero permítanme que me defienda con esta mención.

“[...] ¿Y sabeís qué me ocurrió en una ocasión? Un pajarito empezó a volar y cantar descendiendo más y más… Volaba y descendía hasta que se posó aquí, sobre mi hombro. Me había elegido a mí entre todo el mundo. Yo tenía miedo de que se fuera y por eso hice ver que era un árbol, me quedé quieto. El corazón me latía en el pecho, parecía que se me iba a salir. ¡Pum, pum, pum, pum!. Aquello tenía que contarlo, y cuando vino mi mamá le dije: ¡Mamá!, un pajarito estaba volando… ¡Y cantaba!… ¡En mi hombro, en el mío! Se paró durante más de una hora, ¡un pajarito!. Ella me dijo “Aaah, creía que era algo más importante…” y siguió hablando con mi tío. [...] No es que fuera mala, además le gustaban los pajaritos. No era ella. Era yo. Era yo, el que no le había explicado bien lo que había sentido. O sea, que no le había transmitido bien la emoción que había tenido. Me quedé tan mal que me dije: ¿habrá quizá alguien en el mundo, que de profesión, encuentre las palabras justas, que las sepa unir de manera que cuando a él le late el corazón logre hacérselo latir a los demás?. Ese día, decidí ser poeta.” (Fragmento de “El Tigre y la Nieve”)

No me malinterpreteis, no soy un rapsoda ni es intención mía serlo. Mi meta es transmitir ideas de forma sencilla y concisa. Sencilla para hacerlas inteligibles, concisa para que no dejen dudas sobre lo que pretendo manifestar. De ahí lo metafórico, de ahí lo pedante. Ideas, no sentimientos. Y mi único recurso es el lenguaje escrito en nuestro idioma, que no es un exiguo recurso.

La ambigüedad es un acérrimo enemigo del pensador. Los nazis vieron en Nietzsche una base para su propia filosofía, por ser impreciso o interpretable su concepto del superhombre. Cada detalle ha de ser sometido a examen, cada palabra meticulosamente seleccionada. No es una mala práctica el pretender ser exacto en el lenguaje.

Sepan disculpar este post aclaratorio, claro ejemplo de la verdadera pedantería, está en mi personalidad el ser sarcástico hasta con uno mismo. Y perdón también por excusarme en una pequeña broma para abordar este tema, sé que todo era dicho desde el cariño.

Guías del Cosmos

•Marzo 18, 2007 • Dejar un comentario

Hombre

Cuando surgió el evolucionismo, y más tarde el darwinismo el mundo entero se alborotó. Algo parecido ocurrió unos siglos antes, cuando Galileo publicó Sidereus Nuncius, sembrando la semilla de la duda sobre la teoría geocéntrica. Semejante hastío no debió ser únicamente suscitado por obra de la Iglesia. Ambas tesis proponen, más allá de lo científico, dos hechos inquietantes para el hombre:

Primero, el universo no gira en torno a la Tierra. Ésta no es más que otro insignificante planeta en el universo infinito. No somos el centro de nada, sino una mísera parte de un algo abismal y desconocido.

Segundo, el hombre proviene del simio. No hay nada de divino en su creación, nada de especial en su ser, nada diferente al resto de criaturas vivientes, ninguna trascendencia en su existencia. Un ataque en toda regla a la creencia en el alma.

Dos de los mayores atentados contra el ego humano y su mundo que no provocaron indiferencia, pero que con el paso del tiempo hemos aceptado humildemente y aún con cierto alivio para algunos, al saber que nadie tiene la vista puesta en uno de los millones de seres de uno de los billones de cuerpos astrales. Liberados del juicio divino nos encontramos en disposición de seguir nuestro proceso vital, nuestra ruta evolutiva, nuestro efímero errar por el orbe, como un ratón que sólo debe corretear por el campo y atender a su supervivencia, convencido de que sus actos no influyen en el continuo devenir de las cosas.

Salgamos de esta comodidad odiosa y afrontemos la realidad, ya hemos zarpado del proceso darwinista. Los tres pilares que sostienen la teoría de Darwin son la evolución (o transformismo), la diversificación de las especies y la adaptación al medio, causa última del proceso evolutivo. Nosotros no cumplimos esa causa, adaptamos el medio en vez de adaptarnos a él, un poder único en nuestra naturaleza del que no queremos ser responsables.

Darwin estudió infinidad de especies, pero olvidó mirarse en el espejo. Hemos roto el engranaje que lleva girando y funcionando desde el inicio de la vida y aún estamos por sufrir las consecuencias. Dejemos recrecer nuestro ego, seamos conscientes de nuestra facultad. Las cosas no seguirán su rumbo, porque el rumbo ya se ha perdido. Somos los nuevos guías del cosmos y es nuestro deber señalar el camino correcto antes de conducirlo a su fin, porque éste también será el nuestro.